El País: curso básico de manipulación informativa

Las ediciones territoriales de El País como estrategia para ocultar y magnificar la información: un episodio informativo sobre el llamado “desapego catalán” 

 

     Nadie discutirá, supongo, que todos los periódicos proceden en mayor o menor grado, algunos con disimulo y otros con descaro y sin vergüenza, como plataforma y altavoz de ciertas ideologías, de intereses ciertos y aún de algún grupo político en particular y, por eso mismo, actúan como ariete contra credos ajenos y azote de adversarios políticos, de modo que la información se convierte a menudo en ocasión y coartada de campañas ideológicas, ajustes de cuentas e incluso linchamientos políticos. Ya lo dijo y no hace tanto, Miguel Ángel Bastenier, durante años subdirector de El País: “Todo es técnica y, si así lo vemos, también trampa, porque haremos decir a la información lo que queramos que diga” (2001: 64). Les propongo un ejemplo de manipulación al gusto. Observen el título que sigue, Una empresa vasca exporta grilletes para presos que España no permite por vejatorios (El País, 02-10-00), y enseguida advertirán quienes son los civilizados y quienes los violentos y cafres. Fíjense, sin embargo, que con la misma digamos ‘objetividad’, es decir, con datos igualmente ciertos, otro periódico habría podido advertir que Una empresa española exporta grilletes para presos que la ley no permite por vejatorios, o mejor todavía y en los antípodas patrioteros del primero, denunciar que España exporta grilletes para presos que la ley no permite por vejatorios. Así de fácil, como darle la vuelta al calcetín.

Aún hoy, la mayoría de libros de estilo y códigos deontológicos proclaman como principio profesional y ético la separación entre información y opinión. Y una de dos, o bien se trata de opinión explícita, y entonces no entendemos a qué viene tanta alarma, o bien se refiere a la interpretación, valoración y opinión implícitas en cualquier información, y entonces no entendemos el sentido no ya ético sino común del supuesto principio. En alguno de mis libros[i] he examinado y descrito las técnicas fundamentales de que se vale el periodismo para gestionar la interpretación, valoración y opinión implícitas en cualquier texto informativo. Más allá y más acá de esos procedimientos de orden textual, en esta ocasión pretendo poner el énfasis en las estrategias más elementales y más determinantes de la manipulación informativa que no son de naturaleza textual, sino pretextual y supratextual[ii]: la ocultación (absoluta o relativa) y su contrapuesto, y a menudo contrapunto, la magnificación de la información. Ya se sabe que lo que no aparece en los medios no existe y, muy al contrario, lo que sale en portada se convierte en el primer plano de la actualidad.

Incluso un apologista compulsivo del objetivismo como el catedrático José Luis Martínez Albertos, que siempre ha defendido la separación entre información y opinión como norma ética definitiva del periodismo[iii], reconocía hace un montón de años, por lo visto sin darse cuenta, que:

“Los ataques contra el Derecho a la Información de los ciudadanos son producidos más por el silencio y el recorte deformador de los hechos objetivos [(des)información] que por un sistema de comentarios de tales hechos [opinión]. En realidad la táctica deformadora es doble: por un lado se silencian los hechos ideológicamente peligrosos y se magnifican los favorables, mientras por otro los pensadores al servicio de la idea elaboran sus glosas sobre este sistema de hechos previamente deformados”. (Martínez Albertos, 1972: 45).

Muy a menudo estas técnicas pasan desapercibidas, porque sólo mediante la comparación entre medios podremos advertir la ocultación, el enmascaramiento y la amplificación de la información. Y aún más difícil resulta percibir tales estrategias cuando se trata de diferentes ediciones territoriales de un mismo periódico, porque rara vez el lector tiene la ocasión y el interés de consultar y analizar dichas ediciones. Y sin embargo es un ejercicio altamente revelador, porque comparar el trato informativo que un mismo periódico da a un asunto territorialmente sensible (las balanzas fiscales, por ejemplo), a través de su edición nacional y la correspondiente territorial, pone al descubierto las artimañas informativas y la estrategia política del periódico. Diarios como El País sacan el máximo partido (des)informativo, ideológico y político a esta estrategia y, de acuerdo con los intereses ideológicos y empresariales del periódico, resuelven un grado u otro de ocultación, de enmascaramiento o de amplificación de un mismo asunto según se trate de la edición nacional o de la edición Cataluña.

Para acreditar e ilustrar de modo elocuente el uso discrecional y sin complejos de estas técnicas de ocultación y magnificación doblemente selectivas (según el conflicto y según la edición), analizaré el dispar trato informativo que El País dedicó a través de su edición nacional y catalana a cuatro noticias relacionadas con el conflicto político y económico entre Catalunya y España que sucedieron a finales del 2007. En primer lugar, el discurso en Madrid del presidente de la Generalitat en el que Montilla avisa del grave riesgo de desapego de Cataluña (El País, 08-11-07). En segundo lugar, la conferencia de prensa en que el presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo presentó un estudio sobre el déficit de inversión del Estado en el que, entre otras cosas, se aseguraba que “en los últimos once años Catalunya ha recibido un 28% de inversión menos por habitante que Madrid” (La Vanguardia, 09-11-07). En tercer lugar, el documento hecho público por el Círculo de Economía en el que La élite de los empresarios catalanes llama a la “autocrítica” por su victimismo (El País, 13-11-07). Y finalmente, la conferencia en Madrid del presidente del mismo Círculo de Economía en la que Lara advierte del “peligro de divorcio” de Cataluña y España (El País, 14-11-07). Al mismo tiempo, para tener un punto de referencia ajeno, examinaré la información que La Vanguardia dedicó a la misma noticia.

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Las advertencias del presidente  Montilla en Madrid sobre el “creciente desapego, cabreo y recelo” de Catalunya

El miércoles 7 de noviembre de 2007, en dos actos en Madrid, el presidente de la Generalitat José Montilla advertía del “desapego creciente” y del “cabreo, recelo y pesimismo” de la sociedad catalana y del peligro de “una grave desafección emocional de Cataluña hacia España”. Pues bien, El País resolvió las quejas de Montilla con apenas media página situada en la página 28, la última de las once de la sección España. No entraré a analizar la información, pero dos cosas sorprenden: que en el titular no aparezca España (Montilla avisa del grave riesgo de desapego de Cataluña, 08-11-07), y que en aparente contraste con la gravedad del título, hayan estampado una foto a tres columnas en la que se ve a un Montilla riente, él, que apenas sonríe nunca, junto a la ministra de Fomento, responsable última de los desastres ferroviarios que en esos momentos padecían miles y miles de usuarios en Cataluña. Cada cual puede interpretar la foto como guste.

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Sólo como contrapunto, señalo que La Vanguardia abría la portada y a cinco columnas con esta cuestión (Montilla alerta a España del desapego catalán), y luego dedicaba la doble página de obertura de Política al mismo asunto: Montilla alerta en Madrid: Catalunya puede decir “adéu, Espanya” (08-11-07). En principio, nada que decir, aunque resulta cuando menos curioso que unos valoren tanto la noticia y otros la consideren tan poco, el cuento de la objetividad.

 

Las quejas de la patronal catalana por el “sistemático maltrato inversor” del Estado a Catalunya 

Al día siguiente, además de la respuesta del gobierno a las advertencias de Montilla, la patronal catalana Foment del Treball hacía suyas las quejas de la Generalitat con la presentación de un exhaustivo estudio de los presupuestos generales del Estado entre 1997 y 2007, que documentaban el sistemático maltrato inversor a Catalunya por parte de los sucesivos gobiernos de España. En el estudio —presentado por Juan Rosell, entonces presidente de la patronal catalana, y ahora mismo presidente de la patronal española CEOE—, se acreditaban un sinfín de datos comparados, por ejemplo, que la media de inversión total durante esos once años era del 13,5% para Catalunya, por debajo del 17,1% que había recibido Madrid y del 14,2% de Andalucía, o lo que es lo mismo, que la inversión media por habitante del Estado en Catalunya era de 280 euros, que contrastaban con los 389 de invertidos de media por habitante en Madrid: o sea, durante esos once años Catalunya había recibido un 28% menos de inversión que Madrid.

En su edición Cataluña, El País dedicó casi la mitad de la página quince, la tercera de la sección de España, para informar a cuatro columnas que El Gobierno responde a Montilla que Cataluña “recibe toda la atención” (09-11-07), que es como decir “no sé de qué se quejan”. Sólo más tarde, al leer completa en el arranque de la crónica la frase entrecomillada del título, sabremos que lo que dijo la vicepresidenta del Gobierno es que “Cataluña está recibiendo en esta legislatura toda la atención que tiene que tener”. En esta legislatura, dijo, no en todas o siempre, como se da a entender.

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Luego, en el cuadernillo informativo de 16 páginas exclusivo de la edición de Cataluña, El País se hace eco de la conferencia de prensa de Fomento del Trabajo, y en la misma portada, pero en un faldón inferior de un cuarto de página a cuatro columnas, informa de que El Gobierno invierte un 17% menos por habitante en Cataluña que en el conjunto de España (09-11-07). Además, en la página tres de ese mismo cuadernillo, en la mitad inferior y a cuatro columnas, la noticia continuaba bajo un título que decía que Rosell alerta del peligro de “explosión social” en Cataluña, acompañada de tres gráficos elaborados por Fomento en los que se acreditaba El déficit inversor del Gobierno central en Cataluña. Ni que decir tiene que si esta noticia se hubiera publicado junto a la crónica en que se afirmaba que Cataluña “recibe toda la atención”, la respuesta del Gobierno de España habría quedado en entredicho.

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En comparación, La Vanguardia dio una importancia mucho mayor a las dos cuestiones, ambas en portada, que a cinco columnas destacaba que El Gobierno ve ingratitud en la queja de Montilla (09-11-07), información a la que luego dedicaba las dos primeras páginas de Política. Igualmente en portada, La Vanguardia anunciaba en un recuadro a falsa columna que La patronal catalana cifra el maltrato inversor, información con la que luego abría la sección de Economía, a toda página bajo el siguiente título: Foment dice que Catalunya recibe un 28% menos de inversión que Madrid (09-11-07).

De todos modos, los lectores de El País en Cataluña tenían la posibilidad de contrastar la respuesta del Gobierno a Montilla con los datos presentados por Fomento, aunque estuvieran medio perdidos en el cuadernillo autonómico y titulados de forma un tanto enmascarada: resulta de nuevo curioso que El País Cataluña, tan dado a fabricar noticias comparativas entre Barcelona y Madrid, sobre todo cuando aquella sale malparada, en este caso escondiera que, según Fomento, desde el 1997, el Gobierno español de turno invierte en Cataluña un 28% menos que en Madrid. Es decir, que en Madrid invierte un 28% más que en Cataluña, que es lo mismo pero parece peor.

Pero, ¿y los lectores de las otras ediciones, por ejemplo la llamada Nacional, qué información recibieron? Apenas media columna junto a la pieza que informaba de la respuesta del Gobierno, sólo dos párrafos que, bajo un título desnaturalizado a conciencia, La patronal catalana exige más inversión del Ejecutivo (09-11-07), con la boca pequeña y casi a escondidas informaban de que “en el período 1991-2006, la inversión liquidada, la ejecutada de verdad a través de los ministerios de Fomento y de Medio Ambiente, ha sido de 167 euros por persona en el conjunto de España. En Cataluña se destinaron 138, un 17% menos. En la Comunidad de Madrid alcanzó los 169 euros por habitante y en Andalucía los 149 euros.” Y en fin, haga usted mismo las operaciones para sacar conclusiones, o sea porcentajes. Y si se entretiene, descubrirá que en 17 años, el Estado ha invertido en Cataluña más de 3.000 millones menos que en Madrid. Tras ver todo esto, uno puede comprender mejor la naturaleza del periodismo en general y de esa información de El País en particular: El Gobierno responde a Montilla que Cataluña “recibe toda la atención”. Sin lugar a dudas, toda.

Resulta más que curioso observar que mientras La Vanguardia abría Economía y a cinco columnas con ese informe de la patronal catalana, al que dedicaba página y media, El País le destinaba apenas dos párrafos y un título aguado. Como dirían los neoobjetivistas, los hechos son los hechos.

 

El documento crítico del Círculo de Economía: esto sí que interesa, y aparece incluso en portada de El País

Como si alguien programara la agenda, cuatro días después el Círculo de Economía entraba de lleno en el debate con la presentación de un documento, La responsabilidad del empresariado catalán, en el que se criticaba la falta de ambición y de iniciativa de los empresarios catalanes. José Manuel Lara, presidente del Círculo, flanqueado por los cuatro vicepresidentes, Josep Oliu, Artur Carulla, Antón Costas y Borja García Nieto, dieron con sus palabras y su presencia una evidente relevancia al documento en el que se decía, entre otras cosas, que “en Cataluña es notable la pérdida de pulso económico” y que no se puede “seguir responsabilizando de todos los males sólo a la política” porque también “la sociedad civil, el empresariado catalán tiene sus responsabilidades”.

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En esta ocasión, en su edición catalana, El País dedicaba las dos primeras páginas del cuaderno Cataluña al documento del Círculo y a las reacciones que había suscitado en las patronales Fomento, Cecot y Pimec . En portada de Cataluña, bajo uno foto a cuatro columnas en que aparece la presidencia en pleno del Círculo de Economía, El País titulaba que La élite empresarial llama a la “autocrítica” por su victimismo, y el subtítulo añadía que El Círculo pide que el empresariado asuma su culpa en la pérdida de liderazgo (13-11-07). Además, en la edición catalana levantaron un faldón de portada que trataba una recusación del PP contra tres miembros del Constitucional, para informar del documento del Círculo bajo un título que, a tres columnas, decía que La élite de los empresarios catalanes llama a la “autocrítica. Por cierto que, de esta pieza de portada, no hay constancia en ninguna de las ediciones de la hemeroteca digital del periódico. Por su parte, la edición nacional de El País concedió escaso relieve a la noticia, sólo dos tercios de columna en la sección de Economía, pero conservando la letra original: La élite del empresariado catalán hace autocrítica.

Prosiguiendo la comparación, La Vanguardia reservó el titular de portada, a cinco columnas, a la misma noticia, El Círculo ve pasividad en el empresariado catalán, con la que luego abría la sección de Economía con otro titular que, también a cinco columnas, destacaba que El Círculo deplora la falta de ambición y liderazgo empresarial en Catalunya (13-11-07).

 

El presidente del Círculo habla en Madrid, pero ahora no interesa, y le arrinconan en el cuadernillo que sólo se publica en Catalunya

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Apenas 24 horas después de que el Círculo hiciera públicas sus críticas hacia los empresarios catalanes, por lo tanto el mismo día que los periódicos se hacían eco de ese documento sobre La responsabilidad del empresariado catalán, su presidente retomaba el discurso crítico, pero ahora en Madrid y contra España en general y contra la prensa española en particular por “el escaso eco que han tenido en Madrid” las quejas que una semana antes había manifestado el presidente de la Generalitat. En clara sintonía con Montilla, José Manuel Lara advertía también del “peligro serio de divorcio” de Cataluña y España, y consideraba “grave y preocupante que en la capital, incluidos mis medios [La Razón, Onda Cero, Antena 3], haya tenido tan poca resonancia” el discurso de Montilla en que alertaba del “desapego” de los catalanes hacia España.

Si poca resonancia tuvieron las declaraciones del presidente de la Generalitat, mucha menos iban a tener ahora las del presidente del Círculo de Economía, recluidas en un cuarto de la página 9 del cuadernillo Cataluña que, claro está, sólo aparece en la edición catalana de El País. Con un titular a tres columnas, Lara advierte del “peligro de divorcio” de Cataluña y España, la información recogía en sólo dos párrafos las críticas que el presidente del Círculo, José Manuel Lara, había manifestado en Madrid, pero que en esta ocasión no iban dirigidas ni contra los empresarios catalanes ni contra Catalunya en general. Ni que decir tiene que en la edición nacional de El País las críticas de Lara fueron silenciadas, ni una palabra.

 

Conclusiones

Estos ejemplos, a mi modo de ver harto elocuentes, ilustran la tremenda eficacia y la notable discreción de estas dos técnicas básicas de la manipulación del periodismo, la ocultación y la magnificación, es decir, silenciar o amplificar según convenga, que en este caso alcanzan su máximo rendimiento informativo e ideológico al adaptarse a las diferentes ediciones, lo que permite a una misma cabecera acallar o agrandar cualquier información no sólo en función del asunto sino también del territorio, de forma que en vez de apostar sus intereses en una sola mano se los juegan en partidas simultáneas.

 

 

 

 

[i] Véase sobre todo Les trampes dels periodistes, Edicions 62, Barcelona, 2004. O la versión ampliada en castellano: Las trampas de los periodistas, Trípodos, Blanquerna, URL, Barcelona, 2008. Y en esta misma web: trampress.com/Las Trampas del Periodismo

[ii] Distingo tres etapas consecutivas y en cierta modo simultáneas en la información, todas de naturaleza interpretativa y valorativa, contextual: etapa pretextual, que implica discriminar qué es noticia y qué no lo es; etapa textual, de elaboración del texto de la información, es decir, valorar y ordenar los elementos informativos, y todas las decisiones de índole lexical, sintáctica, narrativa y estilística significativas; y en tercer lugar, la etapa supratextual, en la que el texto escrito o audiovisual de la información se sitúa de forma jerárquica en el espacio del periódico o en el tiempo del informativo de radio o televisión.

[iii] Según este catedrático, la ética del periodismo puede resumirse en “en una regla sencilla: es preciso delimitar claramente los hechos de los comentarios, la información objetiva de la interpretación libre. […] Enfocadas así las cosas, se comprende que estará a salvo el Derecho de Información en un país siempre que los medios informativos se esfuercen en distinguir perfectamente en su contenido qué cosas son noticias y qué cosas son comentarios.” (Martínez Albertos, 1972: 44-45).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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