El Espíritu de la Transición

El Espíritu de la Transición

"Los autores del 11-M estaban dispuestos a matar inocentes a fin de conseguir oscuros objetivos de poder": Aznar habla por boca de Rouco Varela

“Los autores del 11-M estaban dispuestos a matar inocentes a fin de conseguir oscuros objetivos de poder”: Aznar habla por boca de Rouco Varela

 

     Unos pagan en diferido y otros anuncian la defunción de Suárez por adelantado. Curioso que los herederos del duque comunicaran por anticipado la muerte de papá transición: para preparar los fastos del duelo oficial, se supone. Como anillo al dedo, dijeron: ahora que algunos vienen exigiendo cambios es oportuno recordar esa época en que se nos hizo creer que iban a cambiar las cosas y apenas cambió nada, la camisa de algunos a lo sumo. Y los crédulos que se volvieron ilusos.

No deja de ser curioso que todos esos que hace 33 años se cargaron a Suárez —socialistas y monarca incluidos—, ahora le dediquen tanto sentido pésame y tanto merengue al hombre, al padre, al héroe de la transición que, como todo el mundo sabe, era un proyecto personal que Suárez fue madurando durante su largo matrimonio con la FET y de las JONS. Fue una transición ejemplar, dicen, un regalo, y lo suscribo. Un regalo para los franquistas se entiende, claro, que ni tan siquiera tuvieron que abandonar sus prebendas, ni renegar su credo, ni pedir perdón, ni avergonzarse siquiera por haber colaborado con el viejo felón. Con la ejemplar transición colocaron unos paréntesis de opaco silencio a 40 años de dictadura y represión, todo en nombre de la concordia, claro: lo pasado, pasado está.  ¿No van a molestar por unos miles de muertos enterrados dios sabe donde, ejecutados por la vía directa al cráneo? Ellos se lo buscaron, rojos de mierda, no me hagan hablar. Y García Lorca, por maricón. Y así hasta hoy, esperando que los años y  los jueces acallen a golpe de ley las voces de los hijos y de los nietos de todos esas víctimas de la venganza y del odio. Dejen los esqueletos para dentro de cien o doscientos años, para los arqueólogos, cuando se les terminen los romanos. Ya tienen el Born para lamerse las derrotas.

     Ciertamente, una transición modélica: comparen si no. En Argentina, a los militares no les salió nada bien el negocio de la dictadura. Videla, por ejemplo, murió en la cárcel en año pasado, donde cumplía cadena perpetua por delitos de lesa humanidad. Aquí, en cambio, ni una condena, ni un juicio, nunca, la jeta ilesa, como siempre. Por no condenar, algunos muchos todavía no han condenado el franquismo: para qué, si vivíamos de lujo, y seguros, no como ahora. En Chile, incluso al augusto canalla le amargaron la próstata y llegó a perder el control de los esfínteres de puro miedo de terminar entre rejas y sin gafas de sol. Aquí, en cambio, los herederos del franquismo siguen de fiesta en los mismos terrenos en los que sus padres ejecutaron sin pestañear a tanto vecino vencido. Y ni dios ha pedido perdón nunca por tanta caña y tanto paredón. No lo olviden, aquí los crímenes van a seguir impunes y los muertos enterrados como perros. Sin vergüenza, aquí tienen web al sol y con fuerza nueva a la Fundación Nacional Francisco Franco que ahora mismo celebra los 75 años de su victoria. ¿Se imaginan en Alemania una Fundación Nacional Adolf Hitler? Pues eso.

     Que no, que vamos mal. Y como muestra, el funeral. Se vieron muchas caras viejas, ciertamente más viejas, envejecidas pero satisfechas, porque en el fondo hoy les queda todo lo bueno de ayer, y por eso ensalzan, sin complejos, el santo espíritu de la transición, que tan buenos réditos les ha dado. Pero entre tanta concordia y tan buen rollo, no sé, resultaba chocante ver la mueca amostazada, el verbo bronco y el alma resentida de Rouco Varela. No sé, pero ni de espíritu ni de palabra ni de lejos se parece Rouco al cardenal Enrique y Tarancón, ese presidente de la Conferencia Episcopal Española que con su decencia moral encarnó lo que podía haber sido el espíritu de una transición que no fue entonces ni será jamás, aunque su decidida fe le costó que los amigos de Rouco Varela, el cardenal de la confrontación y del vinagre en el alma, le gritaran eso de “Tarancón, al paredón”. Lo llevan en la sangre.

 

 

 

 

 

 

 

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