Bárcenas, con B de Caja

      De caja B, claro, así, mayúscula de escándalo. Una caja a reventar de secretos, sobornos y regalos entre los nuestros, o eso parecía, que estalló hace año y medio con los papeles de Luis Bárcenas, ex gerente y ex tesorero del PP durante casi dos décadas que, hasta ese mismo enero de 2013 estuvo cobrando del Partido más de 21.000 euros al mes —¡sí, al mes, tonto mediomileurista!—: ya saben, “esa indemnización en diferido en forma efectivamente de simulación” que tan divertidamente explicó nuestra señora de Cospedal. Y todo ese sueldazo,  a pesar de que en verano de 2009, cuando Gürtel casi le sienta en el banquillo de los acusados, fue cesado como tesorero de confianza de Rajoy, a pesar de que luego fue suspendido de militancia y a pesar de que, según el PP, en 2010 ya dejó de trabajar en el Partido, aunque nadie aclaró nunca a qué se referían con eso de trabajar. Aunque alguna pista hay de sus ajetreos, porque en 2009, mientras los americanos celebraban su Independence Day, nuestro ya ex tesorero nacional, entró en la sede de Génova y se llevó a hurtadillas nueve cajas —¡qué pasión por las cajas!— que contenían el trabajo de casi veinte temporadas como señor de la pasta del PP.

Y al saberse el asunto de las cajas, donde antes se supone que corría alegremente el dinero, en sobres o en sacas, según el caso, ahora empezaba a correr el miedo y un pánico cierto por si el ex tesorero, supongo yo, empezaba a abrir cajas y a soltar la lengua y a poner todos los números junto a todos los nombres y apellidos. Y mientras unos comenzaban a imaginar sobornos, otros empezaban a temer chantajes, y desde fuera muchos se frotaban las manos soñando que si estallaba la B de la caja, igual reventaba el PP. Esa impresión daba, porque por muy acorralado que estuviera, a Bárcenas se le veía cada vez más ancho, más satisfecho y seguro, casi desafiante con su mirada fría y sus viajes de lujo, y cuando ese mismo enero de 2013 le destaparon una cuenta con 22 millones en los sótanos opacos de esa Suiza de sótanos y agujeros, entonces Bárcenas desató ya sí una corriente de admiración perversa de los pillos de este país de pillos, y con jodida envidia los listillos soñaban en llevar algún día con igual elegancia y la misma dignidad ese abrigo Chesterfield, con su cuello de terciopelo oscuro casi negro, con el que el ex tesorero del presidente acudía con su chulería muda a la sede de la Fiscalía Anticorrupción y Alfonso Capone —Robert de Niro— amenazaba al intocable Eliot Ness desde la escalinata del Lexington Hotel de Chicago.

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Viendo el silencio político y la parálisis judicial de Rajoy y compañía  ante la actitud cada vez más desafiante y borde de Bárcenas, que en febrero de 2013 llegó incluso a denunciar al Partido por despido improcedente, solo cabía pensar que el ex tesorero tenía bien cogido a todo el PP por el escroto y que, al mínimo contratiempo y ya no digamos cabreo, el intocable Bárcenas, el protegido o temido de Rajoy, podía estrujar las criadillas de todos los destinatarios de sus sobres con tal fuerza y determinación que las gaviotas del PP habrían chillado como cerdos en el matadero. Bárcenas parecía una bomba adosada a los pechos del PP, y el PP parecía vendido a un chantaje que nadie estaba dispuesto a reconocer. Si yo caigo, parecía decir Bárcenas, aquí no se libra ni la chiquita Santamaría. Y muchos esperaban el desenlace de ese pulso diferido, la delación general, los sobres manchados, los documentos secretos y el pánico en el corral.

Pero en vez de la desbandada y contra todo pronóstico, y seguramente contra buena parte del PP y a espaldas de don Mariano, Dolores de Cospedal va y se puso chula y a mediados de febrero de 2013 presentó una demanda en defensa de su honor contra Bárcenas, con lo cual confirmaba que los papeles secretos del ex tesorero no eran falsos, como había dicho tantas veces incluso el mismo Luisito, sino auténticos. Sobra decir que el arrebato de soberbia de Cospedal irritó a los mandamases del PP porque —la que iba a liarse, se veía a venir, sin remedio y con miedo— el juicio iba a convertirse en el escenario perfecto para la venganza del ex tesorero, más que rabioso porque llevaba ya cuatro meses encerrado. Luego, durante la vista, a mediados de octubre de 2013, por videoconferencia desde su nueva residencia en Soto del Real, Bárcenas no solo reconoció que los papeles eran auténticos, escritos de su puño y letra, sino que en relación con la demandante, dijo, “es mi mano la que entrega el sobre a María Dolores de Cospedal con esas cantidades”. Estallaba, por fin, el escándalo mayúsculo, o eso parecía, porque la número dos del PP apenas se inmutó y, tranquila y sin pasmo alguno, se limitó a replicar que las afirmaciones del ex tesorero eran “radicalmente falsas”.  Había llegado el momento de la verdad —es un decir— para Bárcenas y sus nueve cajas y sus secretos y su Chesterfield de señor del hampa y sus desafíos de traca.

Y resultó que era un farol, que Bárcenas no tenía nada, solo esa libreta que tantas veces el mismo había desautorizado y el miedo de algunos que salían en sus apuntes, nada más, porque, dijo —hay que ser capullo—, “en las entregas de dinero negro no hay testigos”. ¿De verdad, Bárcenas, que eso es todo? Pues sí, eso es todo, porque un tipo como él, acostumbrado a la buena vida, debe de pasarlas muy putas en la cárcel, y si tuviera algo, cabreado como debe estar, ya habría soltado chismes y escupido veneno, y si no lo ha hecho es porque no hay nada más que los apuntes, los embustes y la altanería de un simple contable que se creyó dios tesorero. Él mismo acaba de delatar su desamparo y su desengaño con su incidente con la guardia civil que le va a costar 140 días sin patio y sin merienda, encerrado en su caja C. Parecías inteligente pero solo eres un insensato, parecías avispado y solo eres un imprudente, te creías una víbora y al final te salió el sapo. Quítate el Chester, Bárcenas, no estuviste a la altura, te jodiste tu y no jodiste a los que querías joder: quedarás para siempre como un mero chorizo. Parecías una bomba y apenas fuiste un petardo.

Visto lo visto, Bárcenas, lo tuyo es con b de burro.

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